El ascenso de Porfirio Díaz a la presidencia de México marcó un periodo de relativa paz en el territorio mexicano que duró casi 34 años, con su conocido lema de poca política y mucha administración, el gobierno de Díaz logró que México entrara en un proceso de modernización y considerable crecimiento económico, además de una relativa estabilidad política, haciéndose partícipe en el plano internacional; esto sin embargo, a costa de gran desigualdad social y recurrente represión.
Casi al final de su administración, Díaz estuvo a cargo de los festejos por el Centenario del inicio de la Independencia de México, y varios años antes de que se llevaran a cabo las celebraciones su régimen comenzó a dedicar importantes recursos para construir una serie de obras públicas que ejemplificaran el crecimiento económico y la paz del país, y una de esas importantes obras fue la inauguración del Gran Canal de Desagüe de México en Tequixquiac.
Se imprimieron 1000 invitaciones para los delegados y sus familiares, y el 25 de septiembre de 1910 llegó a Tequixquiac Porfirio Díaz acompañado de su comitiva. Para dar inicio, se tocó el Himno Nacional y el Director de la Comisión Hidrográfica dio un discurso previo a las palabras de inauguración del señor presidente. Concluida la ceremonia Díaz y sus invitados abordaron los trenes especiales que los llevarían al Lunch Champagne en Zumpango, algo muy propio de don Porfirio, para posteriormente regresar a la capital del país.
Casi un mes después de haber regresado a la capital estalló la lucha armada en contra del régimen de Díaz, el descontento social y la represión política provocaron el derrumbe de su gobierno dando inicio a la revolución mexicana. Aunque el primer triunfo se dio con la victoria de los anti reeleccionistas, el gran logro de la revolución fue la promulgación de la Constitución de 1917, la cual respondía a las demandas de los revolucionarios.
Actualmente gran parte del territorio de Tequixquiac es de uso ejidal, y esto tuvo su origen durante el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940), ya que, en su política de justicia social, logró el propósito del reparto agrario dotando extensiones de tierra a los campesinos mexicanos.
Las tierras de la hacienda de San Sebastián, pertenecientes en 1929 a doña Blanca de Villar Villamil y Ezpeleta, a partir del decreto de expropiación de ese mismo año fueron confiscadas para el reparto agrario en Tequixquiac. En el Diario Oficial del 12 de junio de 1929 se decretó que se repartirían 417 hectáreas y 68 áreas de temporal y 1946 hectáreas y áreas de cerril para la ampliación de los ejidos.